Cuando me enteré de que estaba embarazada de nuevo, lo viví con una mezcla de alegría, ilusión… pero también con algunos temores. Afortunadamente, en el Centro Médico de la Mujer encontraría más que un lugar de control médico: encontraría contención, apoyo emocional y la seguridad de que estaba en las mejores manos.
Desde el inicio de la gestación, el equipo médico estuvo ahí para aclarar mis dudas, guiarme en cada paso y darme toda la información que necesitaba para llevar el embarazo de forma tranquila y consciente. Me hicieron sentir protagonista de aquel proceso tan importante en mi vida, ayudándome a tomar decisiones junto a ellos, sin dejar de respetar lo que yo deseaba como madre.
Eso se vivió también en el parto. Las condiciones en aquel momento no se dieron para tener el parto natural que yo soñaba, tuvimos que ir a una cesárea de urgencia, pero aun así, en aquel instante difícil pero emotivo, me sentí contenida en todo momento. Me rodeó la seguridad de saber que estaba en manos de un equipo profesional y también muy humano, que estaba ahí para que junto a mi bebé estuviéramos sanos.
Así que cuando, por fin, tuve a mi hijo en brazos, toda angustia pasó a un segundo plano. Ese encuentro tan importante en nuestras vidas estuvo marcado más que nada por el amor, el apoyo y el profesionalismo de aquel equipo médico que resolvió lo que estaba en sus manos para que así ocurriera.
Hoy, casi dos meses después, cuando miro atrás, recuerdo aquel procedimiento con agradecimiento. Ese nacimiento, así como el de nuestra primera hija — junto al mismo equipo — me deja una lección muy importante: cuando estás rodeada de contención, información y apoyo, puedes dejar atrás el miedo para dar paso a lo más importante… dar vida y vivir ese encuentro de forma consciente y emotiva.
Mi vivencia me anima a invitar a otras mujeres a que se informen, que elijan a un equipo médico en el que puedan sentirse protagonistas, cuidadas y respetadas en cada paso de la gestación y el parto. Porque dar a luz es mucho más que un procedimiento médico; es el inicio de una de las historias más importantes de nuestras vidas.
Llena de oxitocina,
Lady Fernández
Mamá de Julieta y Rubén

